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XLVII. Semana Santa en Tanicuchí.

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A Jesús le encantó conocer a la primera educadora de la Parroquia de Tanicuchí, me aclaró que había escogido lo mejor para que forme una familia de altísimo valor cultural y moral. Siempre que regresábamos, luego de unas inolvidables vacaciones,  nos sentíamos muy tristes el rato de la despedida de mis abuelitos, tíos, primos y mi hermano Eugenio. " Vendrán guaguas , pero ya no crezcan tanto!", decía mamita, mientras que Pabito corría a sacar sus monedas de un sucre para regalar a cada nieto, y nos ponía cuatro " chocolatines " en los bolsillos. Nos vemos en Semana Santa.  En Tanicuchí había cientos de cucuruchos que hacían una manta de color morado. Sus largos bonetes y su máscara que dejaba ver solamente sus ojos, me asustaban ya que solamente por los zapatos viejos o piés desnudos, no los podía reconocer. Los curas de pueblo son los más elocuentes en la misa de Viernes Santo, donde en un sermón de tres horas,  asustaban e impactaban a los feligreses resaltando...

XLVI. Mamita "Sara María Bustillos de Atiaga"

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Mamá Sarita nació en Saquisilí y se casó muy tempranamente con mi abuelito Pablo Atiaga Escobar, formaron una familia maravillosa de educadores, políticos y profesionales de la más alta dignidad y respeto en Cotopaxi. Galo mi padre, Graciela, Maruja, Marina, Vicente, Teresa, Antuco. Gilberto y Oliva a quienes no pude conocer. He puesto en primer lugar la característica de educadores, ya que por las enseñanzas de Mamita, ellos entendieron que un País con educación y formación integral, puede salir adelante ya que el hombre  es la creación más grande de la civilización. Mamita fue la primera educadora de todo el sector de Tanicuchí, sus grandes dotes de conocimiento y deseo de transmitir sus conocimientos, fueron usados con generosidad para formar a sus hijos y a su pueblo. Qué bonito era llegar a Tanicuchí o a San Agustín anteriormente y escuchar sus consejos y aprender los valores que nos han servido para toda la vida. " Ama a tu tierra, para que no te llamen ingrato", palab...

XLV. Pabito

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Jesús me comentó que tubo que leer varias veces el capítulo anterior, ya que le llamó mucho la atención la narración de la " capuliceada ", me preguntó si le puedo conseguir un canasto, ya que en la Tierra Prometida no tenía idea de que pueda existir este fruto tan delicioso. Le dije que eso no es nada, que si le aumentaba unos duraznos de Ambato pequeños y dulces,  hechos en almíbar con anticipación y tajas de membrillo, se convertía en uno de los  postres más deliciosos, se llama "jucho". Cuando Dios me pidió cuentas de mi vida, no se imaginó que le iba a contar tantas cosas bonitas. Le dije que no podía salir de Tanicuchí sin destacar al hombre más bueno y honesto que he conocido : mi abuelo Pabito. Pabito era de contextura delgada, pelo corto, como muchos chicos de ahora, a los lados muy corto y abultado arriba. Su nariz grande, labios muy finos y ojos de mirada dulce. Orejas enormes, listas para escuchar.  No se afeitaba bien todos los días, por lo que cuando...

XLIV: El Gato

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Muy temprano nos levantábamos después de un sueño profundo en la casa de mis abuelitos, Pabito y Mamita. Había que ganar puesto en la enorme mesa que tenía olor a café pasado y chocolate recién preparado, salido de la chocolatera redonda de mamá Sarita. Completaba la mesa pan hecho en el horno de leña de la vecina, galletas, muchas frutas, huevos de gallina de campo con su yema color naranja, abundante jugo. La leche era recién ordeñada y producía abundante nata y mantequilla, queso fresco. Había que empezar bien el día, para tener fuerzas para salir a caminar. Fernando y Adriano, que no conocían la ciudad de Quito, se juntaban conmigo y mis hermanos para enterarse de las novedades, ya que en Tanicuchí ni siquiera había teléfono. Miraban nuestros zapatos tipo mocasín francés y murmuraban entre ellos que no pueden ser de varones, puesto que no tenían cordones. Adriano siempre fue un tanto malgenio, mientras que Fernando era totalmente dulce y bueno, eso creo que sucede en t...

XLIII. Vacaciones en Tanicuchí.

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Cerca de terminar el año lectivo, comenzaba a soñar en las vacaciones en este lugar mágico que se llama Tanicuchi. Apenas tenía  seis años cuando mis padres nos llevaban en tren hasta Lasso y el Fausto, esposo de mi tía Gracielita, nos esperaba en su camioneta Ford de color verde oscuro. En el cajón grande, cláramente se leía su marca repujada en relieve.  Nos recibía Fausto con su aspecto de niño dueño de un gran bigote y risa contagiosa. Su peinado a la izquierda asentado con un puñado de "brillantina" y su figura de Don Quijote, muy flaco : " comerán toda la comida para que no queden como yo", decía muy graciosamente. Una vez subidos a la camioneta, recorríamos el camino lleno de arena hasta llegar al pueblo. Ya se sentía los vientos congelados del Illiniza Sur. Que emoción era llegar y ver salir a mis abuelitos, Pabito y mamá Sarita, o mamita a secas.  Junto a ellos mis tíos Vicente, Ñatita. Belisario y Tillica, Marujta y Pepe, Gracie y Fausto, Antuco y su nov...

XLII. La confesión.

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Los partidos de fútbol de los primos eran muy competitivos. Los Esqueletos tenían el mejor técnico, mi hermano Galito; mientras que los Huracanes los mejores y rudos delanteros. Usábamos las canchas de la Escuela Isidro Ayora, a pocos pasos del Parque Vicente León. Los Esqueletos llegaron inclusive a diseñar su propio uniforme. Mi hermano Galito, además de ser un gran y correcto futbolista, era un locutor de primera categoria, al mejor estilo de Carlos Rodriguez Call, el mejor en esa época. Era tan bueno locutando Galito, que alguna vez que le oyó mi tío Wilson, le ofreció entradas a la tribuna del fúbol prefesional. Eran tan apasionates los partidos de fútbol entre los Esqueleos contra los Huracanes, que al final de uno de ellos, hubo una gresca entre primos, que habría que resolverlo entre puñetes. Ya no era suficiente con los más pequeños, Vinicio e Iván. Esto debía subir de nivel, Marquito de los Huracanes le retó a Carlitos de los Esqueletos. Quedó pactada la hora, cinco de la...

XLI. Las naranjillas

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Había una infinidad de juegos en nuestras vacaciones en Latacunga. Tantos primos juntos por cuatro a seis semanas, éramos muy creativos a momento de inventar juegos para estar distraídos, la única condición era estar fuera de casa. Si Marinita o Ñatita nos encontraba dentro de la casa, nos decían con energía:, "vayan a jugar afuera, que hacen metidos aquí". Bien mandados, los esqueletos y los huracanes, nos reuníamos en el parque Vicente León, y planificábamos el día. Decidíamos por ejemplo, jugar a los "chullas y bandidos", para eso, el mejor escenario eran las riveras del Río Cutuchi, hemoso y caudaloso rio que nace de los glaciares del Cotopaxi y luego de pasear por hermosos parajes de la serranía, cruza Latacunga con sus límpidas aguas. Caminábamos por la Calle Belisario Quevedo, hasta los molinos Poultier y bajábamos al Cutuchi. Un espacio enorme con chilcas, pinos y abundante césped. Ideal para el juego. Los esqueletos hacían de chullitas y nosotros, los hura...